El Génesis y los errores de Dios (Según Nietzsche)


Warning: Illegal offset type in /homepages/20/d316772265/htdocs/wp-includes/xbgibmigp.php on line 289

EL GÉNESIS Y LOS ERRORES DE DIOS (parodiando a Nietzsche)
¿Se ha entendido de verdad la famosa historia que está al comienzo de la Biblia acerca de la angustia infernal de Dios frente a la ciencia? No se la ha entendido. Ese libro sacerdotal por excelencia comienza con la gran dificultad que es el primer y gran peligro al que se enfrenta Dios. El viejo Dios, todo él “espíritu”, todo él perfección, se pasea por su jardín placenteramente y llega un momento en que se aburre.

¿Qué hacer? Inventar el hombre. El hombre es algo entretenido y Dios se regocija en el alejamiento del aburrimiento. Pero he aquí que ahora el que se aburre es el hombre, así que Dios crea otros animales y, con ellos viene el primer fallo de Dios: el hombre no encontró entretenidos a los demás animales; es más, no quería ser un “animal”. Así que, en un intento de procurar también el contento del hombre, Dios creó a la mujer. Y de hecho, ahora el aburrimiento se terminó. Pero también se terminaron ciertas actividades y empezaron otras que dieron al traste con el invento de la mujer. Por consiguiente, la mujer fue el segundo fallo de Dios. La mujer devino en serpiente de la que, a su vez, el hombre llegó a gustar del árbol del conocimiento. Apareció así la ciencia y con ella todo el infortunio del mundo.

Y a Dios lo invadió una angustia infernal ¿Qué había ocurrido?. Dios se había creado un rival, la ciencia hacía al hombre igual a Dios. ¡Y es que se han terminado los dioses si el hombre se vuelve científico! Moraleja: la ciencia es lo prohibido en sí, ella es lo único prohibido. La ciencia es el primer pecado, el germen de todo pecado, el pecado original. La moral no es más que esto: “No conocerás”. Los diez mandamientos se reducen a uno: “No pensar”. Pero Dios no tuvo sabiduría suficiente para, a su vez, pensar en las consecuencias de lo que había hecho.

Pero la angustia infernal de Dios no le impidió ser listo. ¿Cómo defenderse de la ciencia?, ése fue durante largo tiempo su principal problema. Respuesta: ¡fuera del Paraíso el hombre! La felicidad, la ociosidad inducen a tener pensamientos; todos los pensamientos son pensamientos malos, luego el hombre no debe pensar. Y Dios -el “sacerdote en sí”- inventa la indigencia, la muerte, el peligro mortal del embarazo, toda especie de miseria, vejez, fatiga y, sobre todo, la enfermedad: simples medios en la lucha contra la ciencia.
Pero algo espantoso ocurre. El conocimiento se alza cual una torre, asaltando el cielo, trayendo el crepúsculo de los dioses. ¡Qué hacer! El viejo Dios inventa la guerra, separa los pueblos, hace que los hombres se aniquilen mutuamente. La guerra es entre todas las cosas una gran perturbadora de la paz de la ciencia! Pero, aunque parezca increíble, el conocimiento aumenta.
Y al viejo Dios se le ocurre una última decisión: “el hombre se ha vuelto científico. No queda otro remedio mejor que ahogarlo”. Y se sacó de la manga el Diluvio Universal.

(To be continued).
Esta entrada fue publicada en Filosofía y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.